El email en el trabajo, ¿de héroe a villano?

listas-de-correo-listas-de-email-300x225El email es un indiscutido protagonista en la vida de las organizaciones y sus trabajadores. No caben dudas de que
con el tiempo se convirtió en la herramienta de comunicación interna por excelencia, ordenando, sistematizando y formalizando la información que día a día se genera y circula en los ámbitos de trabajo. En definitiva, el canal comunicacional que más se utiliza diariamente en la mayoría de los diferentes contextos laborales.    

 

Sencillo, simple y rápido, el email irrumpió en las empresas en los años noventa y todo hacía pensar que iba a permanecer ahí para siempre.

 

Al principio se presentaba como la solución a todos los problemas de comunicación puertas adentro. Sin embargo, poco a poco se transformó en una actividad que consumía mucho tiempo entre los trabajadores pero que, irónicamente, no garantizaba comunicaciones efectivas.

 

Tal es así, que con el pasar de los años algunas empresas comenzaron a limitar sus usos y alcances, como así también a incorporar otros canales (Caso empresa ATOS: política de email cero).

 

Entre los principales motivos de este tipo de decisiones encontramos aquellos vinculados con la pérdida de tiempo en el trabajo, saturación de información, baja productividad de las comunicaciones escritas, necesidad de priorizar las comunicaciones cara a cara, uso del correo como canal de comunicación externa, entre otras.  

 

Al mismo tiempo, hoy por hoy existe una fuerte necesidad de las empresas de transformarse en contextos más sociales, participativos y colaborativos en los que se pueda compartir conocimiento y en el que todo el conjunto de la organización sea protagonista. En este caso el email no parece ser la mejor alternativa frente a otro tipo de canales, plataformas o iniciativas que parecen satisfacer mejor la demanda de rapidez o la ilusión de proximidad y cercanía. 

 

Entonces, ¿qué podemos hacer respecto del uso del email en el trabajo? 

 

Probablemente no haya una única respuesta. Considerando los planes, características y necesidades puntuales de cada organización, podemos definir acciones formales y sistemáticas que contribuyan a promover un uso adecuado del correo electrónico o, en caso contrario, poner en marcha iniciativas que faciliten la incorporación progresiva de otros canales de comunicación interna complementarios -de naturaleza similar y que no sean excluyentes- al email (ej. chats de mensajería instantánea, microblogs o redes sociales internas). 

 

De todos modos, como siempre mencionamos, la culpa no es de la herramienta sino de nuestras malas prácticas en cuanto a su utilización.

 

En tu trabajo, ¿el email es héroe o villano?

 

Agradecemos tu visita al blog… y nos encantaría conocer tus ideas, experiencias y comentarios.

 

¡Hasta el próximo post!

    

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