Planificar la comunicación

En un mundo globalizado y con un vertiginoso ritmo de cambio, se plantea en las organizaciones la necesidad de planificar las actividades en sus diferentes ámbitos de actuación.

En lo que respecta a la práctica comunicacional en las organizaciones, no se debe especular con comunicar, ya que la comunicación se ha convertido en un activo fundamental que les permite, por un lado, en la dimensión externa, diferenciarse de la competencia, y por otro, en la dimensión interna, alinear a sus empleados y colaboradores con la estrategia y objetivos corporativos.

En este sentido, una comunicación planificada permite lograr coherencia entre identidad e imagen, entre acción y discurso, y una mayor facilidad para la identificación de problemas y oportunidades. Sin olvidar que el fin último de la comunicación, en sentido integral, es el de contribuir al logro de los objetivos organizacionales, el proceso de planificación es vital para desarrollar una actuación comunicacional proactiva –no reactiva- y eficiente, es decir, una comunicación que conozca y defina claramente sus objetivos y qué busqué alcanzarlos a partir de un óptimo uso de recursos.

Por otra parte, la comunicación en las organizaciones se da tanto de manera voluntaria (intencional) como involuntaria (espontánea), y en ambos casos emite mensajes acerca de la propia entidad. El contenido de esa comunicación llega a los públicos de una manera u otra, y consecuentemente genera en ellos opiniones y actitudes determinadas. Con el objetivo de lograr actitudes y opiniones favorables (imagen y reputación), es necesario que la organización planifique todo el conjunto de comunicaciones que emanan de ella, e identificar las que no, con al fin de ajustarlas a sus propósitos particulares.

Hoy existe una imperiosa necesidad de comunicar por parte de las organizaciones, pero obviamente debe hacerse siempre a través de una planificación estratégica de la comunicación. Esto requiere hacerlo conscientemente y de forma integral, sobre la base de valores diferenciales que permitan a los públicos identificar, diferenciar, elegir y recordar la organización, sus atributos y sus productos y/o servicios.

A modo de conclusión, puedo decir que una comunicación planificada implica la gestión estratégica de un activo que es primordial para la supervivencia y el éxito de las organizaciones. Por tal motivo, en ellas debe contemplarse el fenómeno comunicacional como un todo que debe ser gestionado de manera planificada, integral y coherente para generar en los públicos claves resultados positivos, los cuales se traducen en una productividad y rentabilidad sostenidas, y en una imagen y reputación adecuadas.

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